Introducción: por qué debemos preparar el coche para el verano
El verano es una de las épocas del año en las que más utilizamos el automóvil. Vacaciones, escapadas de fin de semana y viajes largos hacen que muchos vehículos recorran bastantes más kilómetros de lo habitual.
Pero las altas temperaturas también someten al coche a condiciones especialmente exigentes. El sistema de refrigeración debe trabajar correctamente, el aire acondicionado se utiliza constantemente y elementos como neumáticos, batería, frenos y líquidos pueden verse afectados por el calor.
Por eso, antes de realizar un viaje durante los meses más calurosos conviene dedicar unos minutos a comprobar el estado general del vehículo.
En esta guía veremos cómo preparar el coche para el verano, qué elementos debemos revisar y qué pequeñas comprobaciones podemos realizar nosotros mismos para reducir el riesgo de averías durante las vacaciones.
Revisar el sistema de refrigeración del motor
El sistema de refrigeración es uno de los primeros elementos que debemos comprobar antes de afrontar las altas temperaturas.
Durante el funcionamiento del motor se genera una enorme cantidad de calor. El refrigerante circula por el motor y transporta parte de ese calor hasta el radiador, donde se disipa hacia el exterior.
Entre los componentes principales encontramos:
- Radiador.
- Bomba de agua.
- Termostato.
- Electroventilador.
- Manguitos.
- Depósito de expansión.
- Líquido refrigerante.
Un fallo en cualquiera de estos elementos puede provocar un sobrecalentamiento del motor.
Antes de viajar conviene comprobar visualmente que no existen fugas y verificar el nivel del refrigerante.
Esta comprobación debe realizarse siempre con el motor frío.
Nunca debemos abrir el tapón del circuito de refrigeración cuando el motor está caliente, ya que el sistema puede encontrarse presurizado y provocar graves quemaduras.
Comprobar el nivel y estado del aceite
El aceite del motor reduce la fricción entre las piezas móviles, contribuye a su refrigeración y ayuda a proteger los componentes internos frente al desgaste.
Antes de realizar un viaje largo resulta recomendable comprobar su nivel.
En los vehículos que utilizan varilla de medición, el procedimiento habitual consiste en colocar el automóvil sobre una superficie nivelada, esperar el tiempo recomendado tras detener el motor y comprobar que el aceite se encuentra entre las marcas de mínimo y máximo.
No debemos sobrepasar el nivel máximo.
También conviene comprobar cuándo se realizó el último cambio de aceite y filtro.
Si el mantenimiento está próximo y vamos a realizar un viaje de muchos kilómetros, puede ser conveniente adelantarlo ligeramente siguiendo siempre las especificaciones del fabricante.
Revisar los neumáticos antes de viajar
Los neumáticos son el único punto de contacto entre el vehículo y la carretera, por lo que su estado resulta fundamental durante cualquier época del año.
Antes de salir de vacaciones debemos comprobar principalmente:
Presión, desgaste y posibles daños.
La presión debe comprobarse preferentemente con los neumáticos fríos y utilizando los valores indicados por el fabricante del vehículo.
Estos datos suelen encontrarse en lugares como:
- Marco de una puerta.
- Tapa del combustible.
- Manual del automóvil.
Debemos tener en cuenta además que algunos fabricantes establecen presiones diferentes cuando el vehículo circula muy cargado.
Esto resulta especialmente importante durante las vacaciones, cuando viajamos con varios pasajeros y el maletero lleno.
También debemos comprobar visualmente que no existen cortes, deformaciones, grietas o desgastes irregulares.
No olvidarnos de la rueda de repuesto
Podemos comprobar perfectamente los cuatro neumáticos y olvidarnos precisamente del que necesitaremos si sufrimos un pinchazo.
Si nuestro vehículo dispone de rueda de repuesto, debemos revisar también su presión y estado.
Cuando el automóvil utiliza un kit reparapinchazos conviene comprobar:
- Estado del compresor.
- Cableado y conexiones.
- Fecha de caducidad del sellante, cuando corresponda.
- Instrucciones de utilización.
Conocer previamente cómo funciona el sistema puede ahorrarnos bastantes problemas si sufrimos un pinchazo durante un viaje.
Comprobar el aire acondicionado
Conducir a temperaturas excesivamente altas no solamente resulta incómodo. También puede aumentar el cansancio y reducir nuestra capacidad de concentración.
Por ello debemos comprobar el aire acondicionado o climatizador antes de que llegue el momento de utilizarlo intensivamente.
Si observamos que tarda demasiado en enfriar o que el aire sale prácticamente a temperatura ambiente, puede existir algún problema.
Entre las posibles causas encontramos:
- Cantidad insuficiente de refrigerante.
- Fugas en el circuito.
- Problemas del compresor.
- Fallos eléctricos.
- Filtro del habitáculo saturado.
- Problemas en sensores o actuadores.
Limitarse a realizar una recarga de refrigerante sin comprobar por qué el sistema ha perdido rendimiento puede ocultar una posible fuga.
Revisar la batería
Aunque solemos asociar los problemas de batería principalmente con el invierno, las temperaturas elevadas también pueden afectar a su funcionamiento y acelerar determinados procesos de degradación.
Una batería que ya se encuentra cerca del final de su vida útil puede comenzar a mostrar síntomas como:
- Arranque más lento.
- Dificultad para arrancar.
- Comportamiento irregular de algunos sistemas eléctricos.
- Avisos relacionados con tensión insuficiente.
También podemos comprobar visualmente que los bornes estén correctamente sujetos y que no presenten corrosión excesiva.
Si disponemos de un multímetro y sabemos utilizarlo, una medición de tensión puede proporcionarnos información adicional, aunque la tensión por sí sola no determina completamente el estado de una batería.
Revisar los frenos
Los frenos son uno de los sistemas de seguridad más importantes del automóvil.
Antes de un viaje largo debemos prestar atención a cualquier comportamiento anormal.
Algunos síntomas que justifican una revisión son:
- Vibraciones durante la frenada.
- Ruidos metálicos.
- Pedal excesivamente esponjoso.
- Recorrido anormal del pedal.
- Vehículo que se desvía al frenar.
- Testigos de advertencia encendidos.
También debemos comprobar el mantenimiento del líquido de frenos según las recomendaciones del fabricante.
Si existen dudas sobre el estado de pastillas, discos o circuito hidráulico, lo adecuado es realizar una revisión profesional antes del viaje.
Comprobar todas las luces
Aunque durante el verano tenemos muchas horas de luz, el sistema de iluminación continúa siendo fundamental.
Debemos comprobar:
- Luces de posición.
- Luces de cruce.
- Luces de carretera.
- Intermitentes.
- Luces de freno.
- Marcha atrás.
- Antiniebla, cuando corresponda.
- Iluminación de matrícula.
Una comprobación rápida puede detectar una bombilla fundida antes de comenzar el viaje.
En vehículos modernos con sistemas LED, determinadas averías pueden requerir una diagnosis más específica.
Revisar limpiaparabrisas y lavaparabrisas
En verano también podemos encontrarnos con tormentas intensas, polvo e insectos que reducen considerablemente la visibilidad.
Debemos comprobar que las escobillas limpiaparabrisas limpian correctamente y no dejan zonas sin barrer.
También conviene revisar el nivel del líquido lavaparabrisas.
Un parabrisas limpio resulta especialmente importante cuando conducimos al amanecer o al atardecer, ya que la luz directa del sol puede hacer mucho más visibles la suciedad y las marcas existentes sobre el cristal.
Revisar los filtros
Dependiendo del mantenimiento realizado al automóvil, antes del verano también puede resultar conveniente comprobar algunos filtros.
Especialmente:
Filtro de aire del motor y filtro del habitáculo.
Un filtro del habitáculo excesivamente sucio puede reducir el flujo de aire del sistema de ventilación y perjudicar la sensación de funcionamiento del climatizador.
El filtro de aire del motor, por su parte, debe sustituirse siguiendo los intervalos establecidos por el fabricante.
Si circulamos frecuentemente por zonas con mucho polvo, puede requerir atención con mayor frecuencia.
Comprobar los niveles de líquidos
Antes de un viaje podemos realizar una revisión general de los principales líquidos del vehículo.
Dependiendo del automóvil, podemos encontrar:
- Aceite del motor.
- Refrigerante.
- Líquido de frenos.
- Lavaparabrisas.
- Líquido de dirección asistida en determinados sistemas.
- Otros fluidos específicos.
No debemos simplemente rellenar continuamente un depósito cuyo nivel disminuye.
Una pérdida repetida de líquido puede indicar una fuga o un problema mecánico que debe diagnosticarse.
Cuidado con cargar demasiado el coche
Durante las vacaciones tenemos cierta tendencia a intentar introducir media casa dentro del maletero.
El peso adicional afecta al comportamiento del vehículo.
Una carga elevada puede influir en:
- Distancia de frenado.
- Aceleración.
- Consumo.
- Comportamiento en curvas.
- Trabajo de la suspensión.
- Temperatura y esfuerzo de los neumáticos.
Debemos respetar la masa máxima autorizada del vehículo y distribuir correctamente el equipaje.
Los objetos pesados deberían colocarse de forma estable y evitando que puedan desplazarse durante una frenada.
Nunca debemos dejar objetos pesados sueltos dentro del habitáculo.
Evitar dejar determinados objetos dentro del vehículo
El interior de un automóvil estacionado al sol puede alcanzar temperaturas extremadamente elevadas.
Por ello debemos evitar dejar objetos sensibles al calor.
Especialmente:
- Dispositivos electrónicos.
- Baterías externas.
- Aerosoles.
- Medicamentos sensibles a la temperatura.
- Alimentos perecederos.
- Objetos que puedan deformarse o deteriorarse.
Y, por supuesto, nunca debemos dejar niños o animales dentro de un vehículo estacionado, ni siquiera durante unos minutos.
Preparar un pequeño kit para viajes
Además del equipamiento obligatorio que corresponda legalmente, resulta útil llevar algunos elementos básicos.
Por ejemplo:
- Agua.
- Linterna.
- Cargador para el teléfono.
- Guantes.
- Chaleco reflectante.
- Documentación necesaria.
- Manómetro si solemos comprobar neumáticos.
- Pequeño botiquín.
- Compresor portátil, si disponemos de uno.
También es recomendable saber previamente dónde se encuentran el gato, las herramientas o el kit antipinchazos.
Hacer una pequeña diagnosis OBD-II antes del viaje
Si disponemos de un adaptador OBD-II, podemos realizar una comprobación básica antes de comenzar un viaje largo.
Además de comprobar si existen códigos de avería, algunas aplicaciones permiten observar datos como:
- Temperatura del refrigerante.
- Tensión eléctrica.
- Parámetros de admisión.
- Correcciones de combustible.
- Datos de diferentes sensores.
Sin embargo, debemos recordar que la ausencia de códigos DTC no garantiza que el automóvil se encuentre en perfecto estado.
OBD-II es una herramienta adicional de diagnosis, no sustituye una revisión mecánica adecuada.
Qué comprobar justo antes de comenzar el viaje
Podemos realizar una última inspección rápida antes de salir.
Neumáticos → niveles → luces → refrigeración → aire acondicionado → limpiaparabrisas → equipaje → combustible o autonomía.
Después de arrancar, debemos comprobar que no permanezca encendido ningún testigo de avería que normalmente debería apagarse.
Si aparece un aviso de temperatura, presión de aceite, frenos u otra anomalía importante, debemos investigar la causa antes de continuar el viaje.
Qué hacer si el motor se calienta demasiado
Si durante el viaje observamos que la temperatura del motor alcanza valores anormales o aparece una advertencia de sobrecalentamiento, debemos actuar con prudencia.
Continuar conduciendo con un motor sobrecalentado puede provocar daños mecánicos muy costosos.
Debemos detenernos en un lugar seguro siguiendo las indicaciones establecidas por el fabricante.
Y recordemos una regla fundamental:
Nunca abrir el circuito de refrigeración con el motor caliente.
El refrigerante puede encontrarse a elevada temperatura y presión.
Conclusión: unos minutos de revisión pueden evitarnos una avería en vacaciones
Preparar el coche para el verano no requiere necesariamente realizar grandes reparaciones. En muchos casos consiste simplemente en comprobar que los principales sistemas del vehículo se encuentran en buen estado antes de someterlos a kilómetros, calor y carga adicional.
Debemos prestar especial atención al sistema de refrigeración, neumáticos, aceite, batería, frenos, aire acondicionado, iluminación y niveles de líquidos.
Además, estas comprobaciones nos ayudan a conocer mejor nuestro automóvil y detectar pequeñas anomalías antes de que terminen convirtiéndose en problemas importantes.
Una revisión preventiva antes de las vacaciones puede ocuparnos apenas unos minutos o una visita al taller, pero puede evitarnos acabar esperando una grúa en carretera en mitad de un caluroso día de verano.
El mejor momento para descubrir una avería es antes de comenzar el viaje, no a cientos de kilómetros de casa.
